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Juncker discute con May nuevas garantías para el ‘brexit’

El presidente de la Comisión admite que «debemos realizar todos los esfuerzos» antes de la votación del martes en la Cámara de los Comunes

La lectura plana no aporta grandes novedades, pero el transfondo y la angustia que genera la cuenta atrás sí permiten ir más allá. Es lo que sugiere el mensaje que el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, lanzó hoy desde Rumanía. Ni empleó términos inéditos en su discurso sobre el 'brexit' ni enfatizó sobre el negro escenario que dibujaría un divorcio por las bravas. Se limitó a confirmar de viva voz lo que se ha negado en los últimos días de un modo no muy creíble en Bruselas: que la negociación con el 10 de Downing Street está abierta y se redoblará en las próximas horas para aportar argumentos que inclinen a favor de una salida ordenada la votación del martes en el Parlamento británico.

«No me gusta la posibilidad de que no haya trato porque el 'no trato' sería un desastre para nuestros amigos británicos y para los europeos continentales. Así que todos los esfuerzos deben realizarse antes del martes por la mañana o por la tarde para que este importante proyecto concluya con éxito», aseguró el luxemburgués.

Hasta ahí. No dio detalles. Cuando un periodista le pidió concreción lo primero que hizo fue desterrar el término 'renegociación'. Clarificaciones, las que sean necesarias. Pero el Acuerdo de Retirada y la declaración política sobre la relación futura pactada con Theresa May en el Consejo Europeo del 25 de noviembre son textos 'sagrados'.

«No puede haber renegociación, pero sí aclaraciones. Estamos viendo con Downing Street cuáles podrían ser estas aclaraciones que no deben confundirse con ninguna renegociación, especialmente con respecto al 'backstop' (la salvaguarda de la frontera de Irlanda). Todo lo que tenga que matizarse se matizará», incidió, pero «no es sensato comentar los detalles de las conversaciones en curso. Ya sabías antes de hacer la pregunta (espetó al periodista) que te daría esa respuesta. Déjenme hacer».

Una agenda complicada

El responsable del Ejecutivo comunitario hablaba en una rueda de prensa con Klaus Iohannis, el máximo mandatario de Rumanía, que estrena la presidencia temporal de la UE por primera vez desde su adhesión en 2007. El 'brexit' será un asunto espinoso en la complicada agenda de Bucarest para los próximos seis meses. La escisión de Reino Unido llegaría el 29 de marzo y las elecciones europeas más decisivas de la historia por el auge de la ultraderecha, el 26 de mayo. Súmense a ello la búsqueda del consenso en política migratoria y el presupuesto plurianual del club.

Demasiada carga para un país en plena confrontación política entre la presidencia conservadora de Iohannis -meses atrás él mismo llegó a reconocer que su país no estaba preparado para el reto- y un Ejecutivo en teoría socialdemócrata, pero con gestos que ponen en cuestión el Estado de Derecho y las libertades individuales, encabezado por la primera ministra, Viorica Dancila, y controlado en la sombra por Liviu Dragnea, inhabilitado por corrupción. Rumanía, como Hungría y Polonia, está bajo la lupa de Bruselas. De hecho, no pertenece aún al espacio de libre circulación Schengen por las reticencias de países como Alemania.

Las disputas entre la presidencia y el Ejecutivo rumanos y entre éste último y las autoridades comunitarias (gobernadas por el Partido Popular Europeo) derivaron en una dura crítica de Juncker a finales de diciembre, cuando aseguró en un diario alemán que si bien «técnicamente» podría estar preparado, «el Gobierno de Bucarest aún no comprende lo que significa presidir la UE». El traspaso de poderes se llevó a cabo hoy en una ceremonia protocolaria con buenas palabras y música de Beethoven.

Una tregua efímera porque el luxemburgués volvió a la carga. En su comparecencia junto a Dancila emplazó a las autoridades rumanas a que «no exporten a la UE los problemas a nivel interno». Pidió «poner entre paréntesis» esa fractura de la política doméstica después de asegurar que había recibido garantías de Bucarest de que así iba a ser. También Juncker hace campaña. Y Dancila no se apocó. No solo dijo «ser consciente de los retos» sino que disparó a la línea de flotación de la Comisión al asegurar que «el mensaje antieuropeo no tiene éxito en la población si las instituciones europeas actúan de manera adecuada». Como ese mensaje está calando, su reproche fue evidente: Bruselas no lo está haciendo bien.

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