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La comunidad internacional se lanza a frenar la ofensiva de Haftar contra el Gobierno de Trípoli

El mariscal intensifica los combates en Trípoli y advierte de que no cesará hasta lograr todos sus objetivos militares

El mariscal Khaliha Haftar hizo caso omiso a los llamamientos que le llegaron desde el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y del G-7 y prosiguió con su ofensiva para intentar hacerse con el control de Trípoli. El veterano militar lanzó su ataque por sorpresa el jueves, pero se encontró con la contraofensiva de las fuerzas del Gobierno libio de Acuerdo Nacional (GNA), reconocido por la ONU, que recurrieron a los bombardeos aéreos y recibieron la ayuda de milicias de ciudades como Misrata.

El autodenominado Ejército Nacional Libio (ANL) liderado por Haftar logró hacerse con el control del antiguo aeropuerto internacional, inactivo desde hace años, donde se centraron unos combates que se extendieron a zonas del extrarradio de la capital como Qasir Ben Qashi, Sawani y Wadi Rabea, según informó 'The Libya Observer'. «La primera oleada de desplazados afecta al sur de la ciudad y conforme el conflicto avance Trípoli sufrirá una gran crisis humanitaria», alertó en su cuenta de Twitter la abogada Hala Bugaighis, conocida activista que lucha a favor de los derechos de las mujeres. El Ministerio de Salud anunció el estado de emergencia en la capital.

«Esto va a ser lento», apuntó a este medio Emad Badi, académico libio con base en Londres, para quien el plan de Haftar «consiste en lograr pactos con grupos locales para poder tomar la ciudad con una mínima resistencia, pero parece que subestimó los intereses de las fuerzas locales por resistir». El excoronel del régimen de Muamar Gadafi, que en la década los ochenta fue reclutado por la CIA y devino en su principal opositor en el exilio, cuenta con el respaldo y las armas de países como Egipto, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos y ha ido ganando peso en el tablero libio tras sus campañas en el oeste y el sur, que llevó a cabo ante la indiferencia y el silencio de una comunidad internacional que, ahora que tiene Trípoli en su punto de mira, le pide contención. Haftar asegura que controla la mayor parte del país y el portavoz de su grupo armado, Ahmad al Mismari, declaró ante los medios que la operación para conquistar la capital, a la que han bautizado como 'Torrente de Dignidad', «no cesará hasta lograr todos sus objetivos militares».

Elecciones generales

En medio de los combates y de la guerra de propaganda entre ambas partes, Naciones Unidas insistió en que mantiene su plan de organizar una conferencia nacional el día 15 en Gadamés, en el sudoeste del país, con el objetivo de establecer una «hoja de ruta» que incluya unas elecciones generales, según el enviado especial del organismo internacional, Ghassam Salem. Desde la espantada protagonizada en 2015 por el diplomático español y exenviado de la ONU al conflicto, Bernardino León, el papel del organismo internacional como mediador en Libia ha ido perdiendo credibilidad día tras día.

Según reveló 'The Guardian', mientras ocupaba su puesto en el organismo internacional, León negociaba un salario de 49.000 euros mensuales para incorporarse a la Academia Diplomática de Emiratos Árabes Unidos, uno de los países directamente implicados en la guerra de Libia por su apoyo a Haftar y su oposición al Gobierno libio de Acuerdo Nacional que, sobre el papel, respalda la ONU.

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