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Lula cumple un año en prisión sin dinero para seguir litigando

Su caso aún debe ser revisado en dos instancias superiores, mientras sus seguidores tienen previstos diversos actos en Brasil y en otros 16 países para exigir su libertad

Sin dinero ya para pagar a abogados, el expresidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, cumple este domingo un año preso, condenado por un polémico caso de corrupción que aún debe ser revisado en dos instancias superiores. Sus seguidores tienen previstos diversos actos en Brasil y en otros 16 países para exigir su libertad.

Lula, que gobernó dos veces Brasil y dejó el cargo con un nivel de popularidad del 80%, fue condenado en 2017 por el juez Sergio Moro, actual ministro de Justicia del presidente Jair Bolsonaro. Un tribunal superior confirmó la pena y la amplió de nueve a 12 años. Pero aún restan dos instancias que pueden alterar el fallo.

Moro adjudicó a Lula un tríplex en el balneario de Guarujá, Estado de Sao Paulo. Lula asegura que la propiedad no es suya y nunca lo fue. El ahora exjuez consideró que la constructora OAS, con contratos con la petrolera estatal Petrobrás, pagó al exmandatario con el apartamento. Pero la propiedad está a nombre de la empresa.

A pesar de los intentos de frenar el arresto, Moro ordenó su detención inmediata y Lula ingresó el 7 de abril de 2018 en la Superintendencia de la Policía Federal de Curitiba, Estado de Paraná. La detención le impidió ser candidato en unas presidenciales en las que aparecía como favorito.

Lula tiene los bienes bloqueados y su defensa se quedó sin recursos para representarlo. Por eso esta semana el Instituto Lula, que recaudaba dinero con las conferencias que daba el expresidente, subastó 50 fotos de él donadas por fotógrafos. El remate fue en un bar y se pagaron más de 5.000 dólares (4.450 euros) por imagen.

El expresidente, de 73 años, pasa sus días en una habitación de 15 metros cuadrados con baño. Tiene ventanas por donde entra luz pero no puede mirar afuera. Se despierta muy temprano, hace ejercicio, camina en una cinta que le llevó su familia, lee y mira la televisión. No tiene Internet ni celular. Escribe cartas a mano.

No le permiten dar entrevistas ni recibir asistencia religiosa. La familia sólo puede visitarlo el jueves a la tarde y los amigos o dirigentes políticos, la mañana del mismo día. Los abogados sí se entrevistan con él a diario aunque sólo durante una hora.

Tres veces por semana puede salir a un patio de 40 metros cuadrados, sin contacto con otros detenidos. Come lo mismo que el resto y un funcionario le mide la glucemia tres veces por semana. Quienes lo visitan aseguran que no lo ven deprimido pero sí preocupado y con rabia.

En febrero, el Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel presentó más de 600.000 apoyos para que el comité acepte su candidatura al galardón. Sus promotores quieren que se reconozca que durante sus dos mandatos Lula sacó de la pobreza a más de 30 millones de brasileños. Ese respaldo lo reconforta en estos momentos críticos.

Según fuentes cercanas, uno de sus peores días en prisión sobrevino cuando Bolsonaro se impuso sobre su delfín, Fernando Haddad. También el último año sufrió la pérdida de un hermano y de un amigo y no le permitieron ir al funeral. Pero la peor tragedia, la más inesperada, fue la muerte de Arthur, su nieto de 7 años, que lo había visitado dos veces en prisión y falleció por una infección. En esta ocasión sí se le permitió abandonar la cárcel y se le vio demudado en la despedido al pequeño. «¿Arthur?», preguntó tres veces incrédulo a su abogado cuando le dio la tremenda noticia, según contó el defensor. El niño había vivido en su casa y tenía una relación muy estrecha con él.

Esta desgracia volvió urgente la petición de libertad que plantean su familia y sus seguidores y que se dejará sentir hoy en 17 ciudades de Brasil y en otras de países de América y Europa. Los principales actos serán en Curitiba, a donde asistirá Haddad, y Sao Paulo.

El Supremo Tribunal Federal (STF) tenía previsto discutir el próximo miércoles si al exmandatario le corresponde o no la prisión por su condena en segunda instancia. Pero el presidente de la Corte postergó sin fecha un debate que podría derivar en su libertad. La condena actual aún debería ser revisada por el Supremo Tribunal de Justicia y por el STF, la última instancia.

Lula no quiere acogerse al beneficio de prisión domiciliaria. Quiere ser declarado inocente.

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